miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pedir por pedir

Locuras, ¿por qué estarán tan mal vistas? Cuando somos pequeños las tenemos todas, y todas a la vez, y bendita locura la nuestra. Es como si estuviera justificado ser salvaje e irracional. Y yo hoy digo, ¿por qué no? ¿Hemos perdido el derecho? No me justifiques hoy, enciérrame si quieres cuando se me vaya la fiera que últimamente se pasea a sus anchas dentro de mí. Hoy quiero ser descabellada, y pedir, pedir por esta boca.

Quiero que te vayas. Quiero que me odies y que llores mares enteros. Quiero que sufras, pero que seas feliz. Quiero que rehagas tu vida pero que nunca me olvides. Quiero que mis fotos sigan para siempre orando en tu pared pero que pongas otras nuevas. Quiero que ames, y que no lo hagas. Quiero que me llames, pero no quiero escucharte. Quiero que pruebes mil bocas pero que mi sabor sea el único que anheles. Quiero que me borres de tu vida, pero ser la más importante.  Quiero que me DEJEN ser estúpida y llorica porque me has herido. Quiero que no te acerques a mi gente pero que no los pierdas. No quiero escuchar nada de ti, y a la vez quiero saberlo todo. Quiero que no me duelan tus mentiras, quiero creérmelas todas una a una. Quiero escupirte en la cara por traidor, por Judas, pero quiero comerte los labios después. Quiero no echarte de menos cuando no estás, y a la vez no tener que hacerlo. Y quiero no seguir esta mentira pero estar contigo para siempre.

Locura, bendita locura.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Borrascas

...Como cuando te despiertas y te das cuenta de que has dormido más horas de las que deberías...como si te faltara el tiempo. O todo lo contrario, como cuando la verdad cale como una jarra de agua fría sobre tu cara: despierta, levántate. 
Hay días en que al poner los pies descanzos en el suelo sólo eres capaz de ver todo lo que falta a tu alrededor. Sólo puedes pensar en que ya no hay 24 de Diciembre, ni 25, ni 26. Ya no hay sólo dos platos de pollo asado sin comer, ni Pearl Harbor los domingos por la tarde. No hay juegos descargados que no quiero, ni un constante teclear de sonido de fondo por las noches, ni “buenos días por la mañana, dandantirurirurán”. No hay una cámara persiguiendo cada paso que doy en la vida, ni ruta del jamón. Ya no hay sobaos en el horno, ni karaoke en noche vieja, ni dejar a medias Los Increibles, ni ver Los Otros a solas por las noches. Ni tecnología punta, ni qué vas a ser de mayor, ni libros olvidados. No hay cabalgatas, no hay saltos en la orilla, no hay atascos en la avenida. 

Te fuiste y te lo llevaste todo, maldita sea.

TODO

martes, 21 de septiembre de 2010

Y llegaste tú

Estaba tirada en la acera y el sol de media tarde me abrasaba la frente. Estaba abandonada, desahuciada, herida, perdida en el peligro de la nada. Sin sentido, vacía, y rota. Con todo el peso del mundo orando hondo en mi espalda, con la culpa y la tragedia escritas en la cara. Y para nada el día cálido y reluciente se antojaba apetecible, pero no se le puede pedir lluvia a un siete de julio, ni aunque quieras que vaya acorde a tu estado de ánimo. El tiempo se había parado en un solo instante. Se cerró una puerta, di tres pasos, sonó un teléfono. Era el principio del fin, o quizás sólo el fin. Y llegó, como una oleada que no puedes controlar, como una verborrea interminable de palabras acumuladas durante años. Gotita a gotita. Dolor, resentimiento, y después… nada. Llegó como llega el otoño. Cayeron las hojas, marrones, marchitas. Cayeron los claros del día. Cayeron los grados, cómo no, y el frío caló. Y después caí yo.

Había empezado el camino y ni siquiera entonces lo sabía. Estaba sentada en el asfalto y eso, definitivamente, no era caminar. Y mientras quedaba enterrada entre los coches, mucho más altos que yo, sólo quería una razón para levantarme. Quien quiera que mueva los hilos, nunca le pedí nada, nunca creí en él. Pero allí, en la acera, mientras pasaban los minutos (¿horas, días?), rogué. Recé.

Y entonces llegaste .

sábado, 11 de septiembre de 2010

Juegos inocentes

¿Qué tal si esta noche me dejas a mí escoger a qué jugamos? Pero las reglas las pongo yo, no vaya a ser que vuelvas a liarme con tus besos de caramelo y se me enrede el alma entre tus dedos. Sólo siéntate y coge un poco de esa paciencia que nunca tuviste, que hoy vamos a jugar a que me quieres. No te asustes, es muy fácil… Cierra los ojos e intenta imaginar que no conoces el sabor de otros labios más que los míos. Piensa que sólo precisas de mis manos para explotar; que sólo quieres explotar conmigo. Aunque sea difícil, imagina por un momento que los demás no existen, y así, quizás me dejes a mi disfrutar unos segundos de la mentira de que sólo me quieres a mí. Durante un ratito no tendré el alma partida ni la sangre envenenada, y acaso dejaré que me endulces los oídos con cuentos y patrañas. Y mientras tus manos recorren como locas mi cintura, voy a esbozar mil y una sonrisas mientras supongo que, a la orilla de la chimenea, mis curvas son las únicas que tus dedos han rozado. Que sólo mis ojos conocen los detalles de tu cuerpo. Que sólo yo sé las dos palabras que te vuelven loco. Viajemos a aquellos abriles en los que sólo conocíamos del amor la inocencia, en los que mi aliento te robaba el sentido y debajo de las sábanas, sólo había sitio para dos. Alarguemos este juego hasta el infinito, que la realidad me da miedo y no me deja respirar. Piérdete en mi cuerpo y no tengas prisa, pero perdóname si mientras se me derrama alguna lágrima, nunca quise hacer trampas en el juego de la vida. Que cuando estemos agotados, tirados en la cama el uno junto al otro, me pondré mi careta de nuevo y volveremos a ser esos extraños conocidos callejeando de la mano por el camino equivocado.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sinfonías


...Esta noche tengo el alma entre las yemas de mis dedos. Esta noche no existe miedo, ni culpa ni venganza, como si una varita mágica las hubiera borrado del mundo. Esta noche no hay ni tiempo ni dolor, ni fluyen los momentos; están estáticos para que podamos cogerlos, saborearlos, disfrutarlos, desgastarlos. Esta noche no hay mañana, ni estrellas en el cielo que no sean tus ojos, ni luna que no sea tu ombligo.
Por una mísera noche, no habrá mas sensaciones que el tacto de tus dedos sobre mi vientre, que el susuro de tu boca en mi oido, que el olor de tu cuello sobre mi almohada. Por unas pocas horas no habrá “peros”, ni “porqués”, ni otra verdad más real que la que abarcan nuestros ojos. Ni más sensaciones que tus besos callejeando por mi espalda.
Esta noche no hay ni frío ni calor, sólo el fuego que desprenden nuestros cuerpos; sólo la brisa que entra, helada, por la ventana abierta. Esta noche no me sobran los motivos para marcharme, ni me falta el aire porque no te tengo cerca. Esta noche eres el único que me roba el aliento, y además, el único que puede quedárselo. Esta noche eres sinfonías, atardeceres, mis pies en la orilla. Lo eres todo y eres nada, eres tú, y a veces, eres yo. Y eres Nosotros si quieres, o un “te quiero”, o una vida que es vida porque la iluminas tú. Esta noche no hay canción desesperada, ni aguardiente de despedida. Esta noche no termina, no habrá amaneceres, ni funcionan las manijas del reloj.
Tengo el alma entre las yemas de mis dedos, y esta noche es toda para ti
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