Estaba tirada en la acera y el sol de media tarde me abrasaba la frente. Estaba abandonada, desahuciada, herida, perdida en el peligro de la nada. Sin sentido, vacía, y rota. Con todo el peso del mundo orando hondo en mi espalda, con la culpa y la tragedia escritas en la cara. Y para nada el día cálido y reluciente se antojaba apetecible, pero no se le puede pedir lluvia a un siete de julio, ni aunque quieras que vaya acorde a tu estado de ánimo. El tiempo se había parado en un solo instante. Se cerró una puerta, di tres pasos, sonó un teléfono. Era el principio del fin, o quizás sólo el fin. Y llegó, como una oleada que no puedes controlar, como una verborrea interminable de palabras acumuladas durante años. Gotita a gotita. Dolor, resentimiento, y después… nada. Llegó como llega el otoño. Cayeron las hojas, marrones, marchitas. Cayeron los claros del día. Cayeron los grados, cómo no, y el frío caló. Y después caí yo.
Había empezado el camino y ni siquiera entonces lo sabía. Estaba sentada en el asfalto y eso, definitivamente, no era caminar. Y mientras quedaba enterrada entre los coches, mucho más altos que yo, sólo quería una razón para levantarme. Quien quiera que mueva los hilos, nunca le pedí nada, nunca creí en él. Pero allí, en la acera, mientras pasaban los minutos (¿horas, días?), rogué. Recé.
Y entonces llegaste tú.
Me encanta ^^
ResponderEliminarpara sacarte de allí en brazos y tratarte como te merecías
ResponderEliminarPor gente como tú, blogspot se está convirtiendo en una mariconada! Entra en mi blog y disfruta: www.desembragaafondo.blogspot.com
ResponderEliminary este?
ResponderEliminar???? xD
ResponderEliminarademás le he dado al enlace y me dice que no existe... :S
ResponderEliminara saber cómo ha llegado hasta este blog, la gente está pirada