sábado, 20 de noviembre de 2010

Aquellas pequeñas cosas

Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia… pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas…en un rincón, en un papel, o en un cajón…

Ella vino con una montaña de ropa en una mano, y en la otra esa tristeza que desde hacía meses le acompañaba como una sombra. “Escoge una” me dijo. Escoger… apenas dirigir la mirada hacia aquel montón era como tener un terremoto que empezaba en las tripas y terminaba en los ojos. Mirarlas y saber que nunca más vería  esas camisas en tu torso. “¿Qué escoja?”… Sería imposible acertar si tengo que elegir entre la camisa de rayas con la que tan moderno te creías, y la camiseta morada  con la que me quitaste los ruedines de la bici. ¿Qué recuerdo me gusta más, con cuál me quedo? Dentro de unos años mi mente (qué cosas, eh?) habría envuelto el resto de ellos para que no dolieran, aunque eso también me arrebatara poder sentir que estuviste 14 años en mi vida. Pero en aquel entonces la decisión se reducía a un puñado de ropa sobre la cama, y la vida no era ni la mitad de complicada. La misma cama en la que me despertabas a cosquillas. La misma vida en la que ya no estabas. El universo reducido a ese pequeño espacio donde las pequeñas cosas que dejaste aquí –tu alegría, tus ganas, tu maldita tecnología punta- eran sólo para mí, donde era la protagonista del drama y donde podía permitirme el lujo de derramar alguna lágrima sin herir a nadie más. Que ya bastante triste se había quedado el mundo desde que hiciste las maletas.

…son aquellas pequeñas cosas que el tiempo arrastra, allá o aquí, que te sonríen, tristes, y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.

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