sábado, 11 de septiembre de 2010
Juegos inocentes
¿Qué tal si esta noche me dejas a mí escoger a qué jugamos? Pero las reglas las pongo yo, no vaya a ser que vuelvas a liarme con tus besos de caramelo y se me enrede el alma entre tus dedos. Sólo siéntate y coge un poco de esa paciencia que nunca tuviste, que hoy vamos a jugar a que me quieres. No te asustes, es muy fácil… Cierra los ojos e intenta imaginar que no conoces el sabor de otros labios más que los míos. Piensa que sólo precisas de mis manos para explotar; que sólo quieres explotar conmigo. Aunque sea difícil, imagina por un momento que los demás no existen, y así, quizás me dejes a mi disfrutar unos segundos de la mentira de que sólo me quieres a mí. Durante un ratito no tendré el alma partida ni la sangre envenenada, y acaso dejaré que me endulces los oídos con cuentos y patrañas. Y mientras tus manos recorren como locas mi cintura, voy a esbozar mil y una sonrisas mientras supongo que, a la orilla de la chimenea, mis curvas son las únicas que tus dedos han rozado. Que sólo mis ojos conocen los detalles de tu cuerpo. Que sólo yo sé las dos palabras que te vuelven loco. Viajemos a aquellos abriles en los que sólo conocíamos del amor la inocencia, en los que mi aliento te robaba el sentido y debajo de las sábanas, sólo había sitio para dos. Alarguemos este juego hasta el infinito, que la realidad me da miedo y no me deja respirar. Piérdete en mi cuerpo y no tengas prisa, pero perdóname si mientras se me derrama alguna lágrima, nunca quise hacer trampas en el juego de la vida. Que cuando estemos agotados, tirados en la cama el uno junto al otro, me pondré mi careta de nuevo y volveremos a ser esos extraños conocidos callejeando de la mano por el camino equivocado.
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Tol chocho al aire !
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